Y bueno, tengo la fortuna de haber asistido a un par o poco más de estas tertulias. Gente de todo tipo, interesante, intelectual, común y corriente, todos unidos por la copa en mano como una familia que se dispone a cenar unida.
Además de aprender de nuevos personajes, de actualizar el chismógrafo semanal de la vida y obra de "la elite y la prole", de socializar y sonreir -sin hipocrecía- hasta que parezca una mueca congelada, uno adquiere otro tipo de cositas más interesantes.
Se dialoga amablemente, saluda amigos que andaban un tanto perdidos, conoce nuevos horizontes, nuevas cabelleras, nuevos ojos, espíritus que van escondidos en fachas para no causar gran alboroto con su increíble presencia.
Además se aprenden nuevas tácticas al desgustar un buen vino, que si mueves la copa así, que si le miras de el águlo aquél, que la tomas por debajo y se huelde de tres distintas maneras, que si se pasa el sabor de la boca hasta la naríz y luego se deposita el contenido.. en fín, uno se mete en nuevos aromas y le sorprende lo conocido que resultan otros, uno nada entre colores, olores, sabores y sensaciones que caben toditas en una copa de cristal.
"¡Que el vino es la obra de arte mas grande y completa!, porque bien se pude disfrutar de una bella pieza musical, admirar una colección de cuadros en una galería, deleitarse en el teatro con el vallet, pero eso no te lo llevas contigo, no lo disfrutas con los cinco sentidos, y el vino, sí"
Me fundí entre esa cantidad de sensaciones entre copa y copa, me perdí en la gama de colores y el sonido de su caída y de mí se apoderaron todos cuantos quisieron conquistar o repeler mi agudo olfato sin olvidarse de teñir mi lengua del color de las uvas maduras.
"Que para un buen vino no hay criterios, un buen vino es aquel que a mi me gusta y me invita a saborear una segunda copa y siempre se debe saber cuándo, dónde y con quién va acopañado"
Que escuché embelezada a un par de ojos claros, acariciados por los años, tal ves un poco cansados pero de esos que nunca pierden el brillo.
Que estuve atenta por más de dos horas y no fueron suficientes y me llené de sus palabras siempre correctas, de acentos y bromas, de verdades retóricamente plasmadas de la manera más linda y perfecta.
Escuche y escuché y aprendí tanto y disfruté de más y recordé graciosamente que no se nada y nunca lo supe, que ni siquiera se hablar mi propio idioma.
Alors, salut mon amis!
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