El clóset de Sarita siempre estaba repleto de todas las pertenencias de la chiquilla. A todas horas lo atiborraba de diademas brillantes, espejos rotos, zapatos de todo tipo y para toda ocasión, cajas de cartón y terciopelo, fotografías, bolsos, libros, e incluso todas las cosas que molestaban o entristecían a Sarita, iban a dar al clóset.
Sarita siguió con esta vieja costumbre de guardar todo en el clóset y salir luego a jugar.
El clóset jamás se quejó de tener sus entrepaños atestados de tantas tonterías, bien recibía tanto cachibaches con algún "significado sentimental" y cosas inservibles como golpes de dolor y enojo cuando Sara se sentía abrumada.
Por eso cuando estuvo por demás saturado, el clóset murió de cáncer en el estómago.
FIN...de una fábula vieja,
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