Ayer por la noche llegué temprano a mi casa, mi vecina me había llamado cuando estaba tomando un chai de frambuesa con mi amiga chai de manzana verde -jeje- mientras nos contabamos los mismos problemas, topes, baches y bordes que a una se le presentan cuando esta a punto de cerrar un ciclo.
Mi amiga chai de manzana verde y yo, creíamos ser las únicas con problemas existenciales, y fue cuando mi vecina se nos unio por vía telefonica. Alguien más, necesitaba de mis orejotas. Prometí llamarla cuando llegara a casa y asi lo hice. Nos pusimos a platicar primero de patio a patio y luego sacamos unas sillas pa seguirle en el porchesito de mi casa.
Mi vecinita estaba triste, su novio la tiene así desde hace tiempo. El muy imbecil es un ogete que no quiere a nada ni a nadie, ni a si mismo. Por eso no sabe valorar el amor de su novia, por eso le hace desplantes, le achaca las estupideses que comete, le grita, la calla, no le presta su hombro cuando quiere llorar -por el contrario lo retira-, la lleva a casa antes de tiempo, la ausenta de los eventos especiales. El idiota se regocija de tener a su lado a una niña tan especial y tener en sus manos el poder de hacerla pequeñita con una mirada para el enaltecer su ego.
Mi vecina y yo platicamos por mucho tiempo. Tal vez ella piense que yo le hice el gran favor de escucharla y aconsejarla, pero ella me hizo a mi uno más grande. Gracias a ella, recordé que no soy la única que pasa por momentos que te hacen estar pendida de un alfiler con un hilo de telaraña mientras se desliza un abismo por debajo de mis pies. Que no soy la única que necesita desesperadamente le escuchen, la apapachen y le digan una y otra vez lo grande que es porque a veces a una se le olvida tontamente y se cree en presentación tamaño polly pocket (nota: de mis tiempos -1989- osea de las que apenas se les veia la carita de tres puntitos).
Entonces recordé algo que leí en un libro de Emma Godoy y se lo dije:
Hay personas que en el anhelo de amar y ser amados se inclinan más hacia el deseo de sentirse queridos que del lado de querer ofrecer ternura. Quien ante todo quiere ser amado es todavía inmaduro y necesita, como un niño, saberse protegido, porque le aflije una aguda sensación de desamparo y se encoge de miedo. No soporta su soledad aterradora y decide conquistar a alguien que le complete su insuficiencia. Busca quien lo envuelva en su ternura y le dé la impresión de un resguardo semejante al que disfrutó cuando vegetaba dentro del seno materno. Su mente aún no corta el cordón umbilical que durante la adolescencia y juventud debe ser definitivamente trozado.
Más cuando ha sucitado amor, le parece poco e inseguro. Somete a duras pruebas a la persona que lo quiere: la lastima y la agravia, para ver hasta donde resiste. Le es preciso comprobar su abnegación sin límites para convencerse de que se le ha dado un amor más incondicional que el de una madre mártir. Sus desdenes y groserías pueden llegar al máximo y, si se topa con una persona masoquista (también inamdura), se erigirá definitivamente en su verdugo. Cada lágrima que hace derramar lo alegra; porque considera que es un docuemento de seguridad, un tertimonio de solidez del afecto en que apoyar su cobardía de vivir. Tiende, pues, al sadismo y a establecer relaciones de dominio entre amo y esclavo.
Pero si encuentra que la otra persona no es masoquista, sino digna y fuerte, siente que no se le toleran sus impertinencias y "se pica", se empeña más que nunca en conquistarla, porque presiente la reciedumbre de esa personalidad y desea con mayor ahínco, llegar a tenerla a su disposición. Así , bajo ese aparo robusto, piensa que todas sus dificultades se le resolverán. Entonces cambia de estrategia: se vuelve humilde, dulce y servicial. Como no pudo ser amo, se ofrenda como esclavo. A cualquier precio quiere vivir bajo la sombra de ese fonido roble protector.
A veces, en su mismo afán de sentirse amado, tiende a disparar en varias direcciones y se dedica a despertar amores por doquier, y no obstante, alardéa de ello.Un Don Juan, un pobre niño, que perdido en callejuelas oscuras de la vida, detiene a los transeúntes para implorarles: "¿Quiere usted ser mi madre?" Y se ha condenado (por aferrarse comodinamente a sí mismo con valentía) a no encontrar jamás reposo ni hallar tampoco el amparo absoluto por el que clama.
Vedugo, esclavo, o Don Juan, tales son sus rutas favoritas.
por gusanos como ese una no se aflije,
se los traga con un trago de tequila
y de ellos se olvida...
cuando van a parar al escusado.
domingo, 17 de junio de 2007
No soy la única
*Te quiero chaparrilla
Filosofado por
Nina
por ahí de las
13:21
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